13 abril 2010

La llave de nuestros miedos

¿Has experimentado alguna vez ese nerviosismo? ¿Ese temblor que recorre todo tu cuerpo y paraliza todo tus sentidos? ¿Esa incapacidad para reaccionar y actuar coherentemente? ¿Has perdido el control de tus movimientos hasta el punto en el que te cuesta incluso hablar correctamente? ¿Has sentido, en definitiva, miedo?

Seguramente será algo que consideres normal y cotidiano. Pensarás en el miedo como en algo que forma parte de tu vida, porque, de hecho, está siempre presente. Hasta tal punto que lo aceptas y ni siquiera te percatas de que lo que sientes en un momento determinado es ese temor que no te deja actuar libremente. Y es que crees que eres dueño de tus decisiones.... y NO es así. Todo cuanto eliges hacer ha sido condicionado por el miedo. ¿Miedo al fracaso? ¿Al ridículo? ¿Quizás a la soledad? ¿O simplemente miedo al cambio?


Existen temores de todas las clases, aunque todos están relacionados entre sí. Todos parten de una misma raíz: nuestra mente. El cerebro humano es el culpable de todo. O mejor dicho, la culpa la tiene un mal uso de nuestra capacidad para imaginar. Pues el miedo no es más que eso, un invento creado por nuestra imaginación. Empezamos a pensar que algo va a salir mal y nos echamos atrás. ¿Por qué, si ni siquiera ha ocurrido aún?

¿Así que para qué? ¿Para qué ponerse a imaginar que las cosas no nos van a ir bien? Una cosa es ser precavido y otra muy diferente es dejarse llevar por nuestros temores. Eso no puede ser. Los deseos, los sueños y las metas que tengamos están ahí, guardadas en una caja fuerte, y lo único que nos impide abrirla y luchar por ellos es ese candado: el miedo. Sólo necesitamos la llave que nos permita deshacernos de nuestro temores, y al menos, ya sabemos donde está: en ese cajón que tenemos por mente. La clave está en comprender que todo es fruto de nuestra imaginación.

Aprender a usar en nuestro favor esa capacidad con la que nos brinda nuestro cerebro es el secreto para triunfar. Tan solo busca por tu cajón. Insiste y no pares jamás. Con paciencia encontrarás la llave y entonces, serás libre. Las cadenas de tus miedos desaparecerán y conseguirás abrir esa caja fuerte. Tus deseos y tus metas estarán a tu alcance. Tus sueños podrán, por fin, hacerse realidad.

05 abril 2010

¡¡Salta!!

* ¡Salta!
- ...
* ¡Vamos! ¡¡Salta!!
- No estoy segura...
* ¿Por qué?
- No lo sé.
* ¿Cómo que no lo sabes?
- ...
* Tienes que saberlo. ¿Quién sino?
- Te digo que no lo sé. Supongo que tengo miedo...
* Miedo a qué
- No sé. Miedo.
* Pues no lo tengas, porque no es para tanto. Sólo salta.
- ¿Y si me hago daño?
* Yo ya he saltado, y como ves, no me ha pasado nada.
- Pero...
* De verdad, desde ahí arriba parecía más alto de lo que en realidad es.
- No sé...
* ¿No me crees? Sólo tienes que saltar. Es sencillo.
- Lo siento, pero no me decido.
* No puedes andar con dudas eternamente. Sé que pensarás que para qué saltar, con lo bien que estás allí arriba. ¿Para qué arriesgarse?
- Ya... ¿porque qué pasa si salto y salgo herida?
* ¿Pero y si no?
- ...
* ...
- No sé. Creo que no voy a saltar.
*...
- Lo siento, de verdad.
* ¿Me vas a dejar aquí solo?
- Lo siento...
* ¿Lo sientes? Me he arriesgado. He saltado. No me ha pasado nada. ¿Es qué no lo ves?
- ...
* ¿Me vas a hacer esto después de haber confiado en qué funcionaría? Pensé que lo tenías claro. Por eso yo no tuve ninguna duda.
- Perdona si te hice pensar eso... No era mi intención.
* ...
- Quizás deberías haber esperado a que yo saltara primero.
* Supongo que lo lógico habría sido pegar el salto a la vez. Los dos juntos.
- Sí...
* En fin... ¿y ahora qué? ¿Cómo voy a subir?
- ...
* ¿De dónde voy a sacar las fuerzas para escalar hasta donde tú estás?
- Pues... probablemente no puedas volver aquí arriba conmigo...
* ¿Cómo?
- No sé...
* ¿No sabes? Tú nunca sabes.
- Lo siento... de verdad....
* ...
- ...
* Bueno, entonces supongo que tendré que buscar a alguna otra persona por aquí abajo.
- Supongo...
* Entonces... ¿esto es un adiós?
- ... No sé
* Ya... Nunca se sabe...
- Lo siento... de nuevo
* No lo sientas. En cualquier caso, no estoy arrepentido.
- ¿No?
* No.
- Pero si no hubieras saltado, todo iría sobre ruedas.
* ... Yo siempre saltaré cuando creo que merece la pena. No pienso quedarme paralizado por el miedo. A veces seré acompañado en el salto y a veces no. Podré tener o no suerte pero no voy a echarme atrás por un fracaso.
- Ya...
* Así que nada. Continuaré con mi vida. Mucha suerte.
- Igualmente.
* ¡Adiós!
- .... chao......