10 junio 2011

El diamante de Forgoth

Capítulo 2. Supervivientes

Decepción... Decepción era todo cuanto Narok sentía dentro de sí. No podía quitarse de la cabeza cómo esos sucios beltronianos se llevaban a su hermana mientras él se quedaba mirando sin hacer nada. No fue capaz de plantar cara y dar su vida por salvarla. Fue un cobarde. Y a cambio recibió un flechazo en el pecho de uno de ellos. "¡Ni siquiera me hirieron intentando ayudar a Dana! ¡Soy un maldito cobarde!" pensó. "Todo cuanto soy es un cobarde...".
Narok estaba destrozado. Deseaba la venganza, pero comenzó a dudar de si sería capaz de enfrentarse, no al ejército entero de Béltrond, sino a tan solo uno de sus guerreros. "¡Como te acerques la matamos!" La voz ronca de aquel asqueroso no paraba de sonar en su cabeza. "Y yo obedecí..." pensó decepcionado. El dolor que la flecha le causó en el pecho no era nada comparado con el fuerte dolor que sentía en su corazón y en su orgullo. "¿Qué puedo hacer?" se preguntaba. "¿Hundirme y darlo todo por perdido? Casi que preferiría estar muerto antes que sentir este dolor"
- Zálame, parece que la fiebre se le está pasando.
"¿Y esa voz femenina? ¿¡Dana!?" Narok despertó de repente sobresaltado y miró a su lado.
-¡¡Dana!! ¡Estás viva! - La felicidad que sentía era indescriptible. La abrazó fuertemente y comenzó a llorar de alegría.
- ¿Dana? ¿Quién es Dana?
- Pues tú, ¿quién va a ser sino... ?
Narok levantó la vista y observó con mayor claridad la cara de aquella mujer. No era su hermana. La soltó y se incorporó.
- ¡Tú no eres Dana! - Todo su entusiasmo se partió en pedazos. La desesperación y la confusión del desmayo le habían hecho creer algo que no era real.
- No. No soy Dana. Pero dime, ¿quién es?
Narok se quedó callado con la mirada perdida.
- Está confundido y conmocionado. Démosle un poco de tiempo. - dijo una voz grave y masculina.
En ese momento, Narok comenzó a darse cuenta de que no estaba en la calle desplomado sobre el suelo, sino que se encontraba echado sobre la cama de una habitación. Junto a él había una mujer joven de pelo oscuro y al otro lado del cuarto, un hombre mayor concentrado moliendo lo que parecían ser unas hierbas en un pequeño cuenco. Tenía el pelo castaño y una abundante barba un poco desaliñada.
- ¿Dónde estoy?
- A salvo. Dinos, ¿Cómo te llamas? - le preguntó la joven
- ¿A salvo dónde? ¿Qué ha pasado? Lo último que recuerdo es haberme desplomado en la calle.
- Sí. Estabas mal herido y Zálame y yo te encontramos y te trajimos aquí. Te hemos sacado la flecha y te hemos curado la herida.
- Entonces... ¿sois supervivientes?
- Sí.
- ¿Hay más como vosotros?
- Pues no lo sabem...
- Creo que lo mínimo que debería hacer es darnos las gracias por salvarle la vida - interrumpió el hombre cogiendo el cuenco y acercándose a Narok - ¿no cree?
- Mis disculpas. Es sólo que... me arrebataron a mi hermana pequeña y quería saber si conocían a más supervivientes... No quiero perder la esperanza. A lo mejor consiguió salvarse y está a salvo en alguna parte.
- Tu hermana es esa tal Dana, ¿verdad? - preguntó la mujer
- En efecto.
- Pues siento mucho decirle que no tengo constancia de que haya más supervivientes. Las calles están impregnadas de sangre y muerte. Fue una auténtica masacre. - dijo el hombre con dureza.
- ¿Cómo te llamas? - insistió la joven
- Narok.
- Yo soy Neisha y él es Zálame
- Encantado. Y gracias por curarme las heridas.
- Es lo menos que podíamos hacer. Ahora túmbese, por favor. - Narok se echó sobre la cama y Zálame tomó el cuenco y le aplicó en la herida la solución que había preparado.
- ¿Entonces cree que habrá sobrevivido?
Zálame no prestó atención a la pregunta y se dedicó a curarle la herida.
- Por favor, dígame. ¿Cree que habrá sobreviv...? - las palabras de Narok se vieron interrumpidas ante el intenso dolor que le causó el ungüento que el hombre le estaba aplicando. A continuación le puso unas vendas y le dio su ropa para que se vistiera.
- Vamos, vístase. No hay tiempo que perder.
- ¿Nos vamos?
- Sí - contestó Neisha - Tenemos que encontrar la manera de escapar. Los beltronianos continúan buscando supervivientes por la ciudad.
- ¿Pero qué les pasa? ¿Por qué quieren aniquilar a todos los sambrianos? ¿No se supone que Sambra y Béltrond son ciudades aliadas?
- Al parecer tal alianza ya no existe - dijo Zálame - Y lo peor es que no se trata de una invasión, sino más bien de una masacre. Quizás una venganza.
- ¿Y por qué iban a querer vengarse?
- Existen rumores. – indicó Neisha
- ¿Qué rumores?
De repente, se oyó un portazo.
- ¡Salid mal nacidos! - gritó una voz masculina - ¡Sé que estáis ahí!


15 febrero 2011

Salvación

Anduve mucho tiempo desorientado.
Equivocándome de camino una y otra vez.
Hasta que al final me decidí por uno,
del que me prometí no retroceder.

Porque allí apareciste y me diste lo que me hacía falta:
la pieza de tu puzle que me completaba.
Liberándome de las arenas del camino
que tan fuertemente me apresaban.

Y por cada paso que daba,
mis miedos comenzaban a desaparecer.
Conforme iba avanzando,
mi ilusión no paraba de crecer.

Necesitaba saber cómo eras.
Tenía que conocer a la dueña de la pieza.
La que renovó mi fe en el amor.
La que me abrió de nuevo las puertas.

Pero el sendero se hizo cada vez más peligroso.
Trampas y acantilados comenzaron a aparecer.
Mis miedos volvieron a presentarse ante mí.
Poniendo a prueba mi coraje y mi fe.

Y a pesar de todo, conseguí salir adelante.
Con mucho esfuerzo dejé de lado todo mis temores,
y le presté más atención a mis metas y deseos,
que tantas veces se vieron saboteados por mis errores.

Errores que pesaban fuertemente sobre mi conciencia.
Momentos de mi vida que me gustaría cambiar
que resquebrajaron con violencia mi corazón
haciéndolo sangrar y sangrar sin parar.

Y es entonces cuando, recordando todo eso,
caí de rodillas sobre la arena del camino.
Y viendo como mis lágrimas la humedecían
recordé lo mucho que seguía sintiéndome herido.

Gotas de lluvia acompañaron mis lágrimas,
mojando mi cuerpo y alimentando mis ganas de gritar
Después de tanta lucha y tanto progreso
¿cómo podía seguir sintiéndome tan mal?

Había encontrado el camino que durante tanto tiempo había estado buscando.
Hallé la pieza que por fin encajaba y completaba mi vida.
Y perdí los miedos que tantas veces me habían frenado.
¿Por qué tenían que seguir ahí esas malditas heridas?

¿Por qué esa lluvia de malos momentos continuaba azotándome?
¿Cómo podía deshacerme de esa sesanción de infelicidad?
¿De dónde podía sacar las fuerzas para levantarme del suelo?
¿Y ganar esa confianza que me hiciera valorarme más?

Lo intenté durante mucho tiempo...
Y nunca logré hacerlo completamente.
Quizás debía hacerme a la idea de ello
De convivir con esa sensación eternamente.

Pero de repente, dejé de sentir las gotas sobre mi espalda.
Levanté la vista, y vi un paraguas rojo sobre mi cabeza.
Me incorporé y me giré apresuradamente.
Y al instante desapareció toda mi tristeza.

Porque allí estabas tú, interponiéndote entre la lluvia y mi cuerpo.
Salvándome de mis malos pensamientos.
Haciéndome volver a tener confianza,
y olvidar todos los malos recuerdos.

Has hecho que me sienta bien conmigo mismo.
Y has curado las heridas que aún sangraban en mi interior.
Estoy tremendamente agradecido por ello,
y por eso te entrego... por completo... mi corazón.