El baúl de mi mente
10 mayo 2015
Lucha
* Te lo estarás pasando en grande, ¿no?
- No me puedo quejar.
* ¿Por qué me haces esto?
- Para protegerte.
* ¿Pero no te das cuenta que más que protegerme haces todo lo contrario?
- Yo no lo veo así. Que yo sepa corres menos peligro de esta manera.
* ¿Y cómo es eso? Por ejemplo, ¿cómo me alimento si no salgo a comprar comida? Me moriría de hambre. Lo mismo si necesito cualquier otra cosa.
- Hombre, salir puedes salir, yo sólo te prevengo.
* ¿Prevenir de qué? ¡¡Si no hay ningún peligro!!
-Pues de que te hagas daño con una caída, por ejemplo.
* ¡Pero precisamente si no fuera por ti eso no sería posible! Es debido a ti que eso puede ocurrir.
- ¿Tú crees...?
* Pues claro. Sin ti no sentiría malestar, y no correría peligro.
- ¿Y qué me dices de que no puedas expresarte correctamente?
* Lo mismo. Es por culpa del malestar que tú me provocas.
- ¿En serio? Pero si sólo te protejo.
* Y te lo agradezco. Pero protégeme de situaciones de miedo REALES.
- ¿Acaso no es real que te puedas caer y hacer daño, y que todos te juzguen?
* No. Si me caigo me levanto. Y lo que piensen da lo mismo. Y en cualquier caso, con REAL me refiero a miedos que no los crees tú.
- ....
* No hay ninguna posibilidad de peligro por salir a dar un paseo, por pasarlo bien con los amigos y conocer gente. Son situaciones placenteras y que suman.
- ...
* Por favor... ¡Vete!
- Pero si yo sólo...
* Prefiero cero miedos aunque acabe con mi vida, a tener miedo por todo. Así no se puede vivir.
-... yo que tú me lo pensaba...
* ¡¡¡VETE!!!
- Y si me quedo solamente...
* ¡¡He dicho VETE!! ¡¡¡¡¡FUERA!!!!! No te quiero. No te voy a hacer caso.
- Pues yo no quiero irme.
* Mira... no me vas a vencer. No es la primera vez que te echo. Tengo experiencia.
- ¿Eso crees? Porque que yo sepa aquí estoy.
* Sí. Por mi culpa. Por despistarme. Pero eso no me impide que te vuelva a echar. De los errores se aprende. Así que Miedo, no te tengo ningún miedo. Vete. No te quiero.
15 febrero 2014
El diamante de Forgoth
Capítulo 3. La huida
De nuevo… Otra vez la misma sensación. El cuerpo de Narok estaba paralizado. Su voz interior le gritaba “¡Corre!”, pero sus piernas no obedecían. El miedo se apoderó de su voluntad. “¡No puede ser! ¿¡Por qué!?”, pensó. “¿Pero qué me pasa? ¡Ya he perdido a mi hermana por mi cobardía! ¡Muévete! ¡Salva tu vida!”.
- ¡¡Narok!! ¡Muévete! - la voz de Neisha parecía lejana a pesar de estar justo frente a sus ojos alterada, gritando y con la mirada impregnada de pánico y terror. “¿Será todo esto una horrible pesadilla?”, meditó. “¿¡Estaré muerto!? ¿Es esto el infierno?”. En un solo instante la mente de Narok repasó toda su vida, desde que era un niño, jugando en los pastos persiguiendo a las ovejas del rebaño de su padre, hasta el angustioso momento en la que Dana le fue arrebatada.
De repente, un fuerte golpe en su mejilla izquierda le hizo despertar. Podía sentir los dedos de la mano de Neisha marcados en su cara. Al fondo de la habitación, desde la puerta, un par de hombres con armaduras plateadas, vestimentas verdes características de Béltrond, y espadas ensangrentadas los miraban con fiereza, como si fueran animales a los que dar caza.
Zálame se adelantó con seguridad y abriendo los brazos en cruz desafió a aquellos beltronianos - No den ni un paso más.
Zálame se adelantó con seguridad y abriendo los brazos en cruz desafió a aquellos beltronianos - No den ni un paso más.
- ¿Y por qué íbamos a hacerte caso, abuelete? - se mofaron.
- ¡Ustedes dos! ¡Corran!
Narok miró rápidamente a su alrededor buscando desesperadamente una salida.
- ¡Rápido! ¡Por aquí! – gritó Neisha abriendo la ventana que quedaba justo a su derecha.
Soportando como pudo el dolor en su pecho se apresuró a salir. Afuera, una larga calle se extendía aambos lados. La lluvia había cesado, pero la calzada todavía permanecía mojada y teñida de rojo, impregnada de muerte y dolor. Los cadáveres se amontonaban en todas direcciones. Aquello había sido una auténtica carnicería.
- ¿Y ahora a dónde vamos? – exclamó nervioso Narok
- ¡En esa dirección! – señaló Neisha apuntando con el dedo hacia el fondo de la calle.
Parecía que aquella mujer sabía lo que hacía. "¿Quién será? Su rostro no me es familiar", pensó Narok, aunque tampoco le extrañaba demasiado, ya que Sambra era una ciudad grande y no conocía a todos sus ciudadanos.
Recorrieron gran parte de la calle cuando repentinamente una fuerte explosión tronó a sus espaldas.
Recorrieron gran parte de la calle cuando repentinamente una fuerte explosión tronó a sus espaldas.
- ¡Zálame! – gritó Neisha enloquecida cayendo de rodillas al suelo. Su cara se volvió blanca y sus ojos se le salieron de sus órbitas. Aquel hombre parecía ser muy importante para ella.
En la lejanía, al fondo de la calle unas siluetas verdes aparecieron de la nada. Por un momento Neisha y Narok se quedaron paralizados sin saber qué hacer.
- ¿¡Qué hacemos!? – exclamó Narok, pero Neisha no respondía.
La pobre mujer quedó petrificada con los ojos fijos en la ventana por la que acababan de escapar, viendo como el humo no paraba de salir desde el interior. - ¡Neisha! – insistió agarrando su brazo y tirando de él. - ¡Tenemos que salir de aquí!
De improviso una flecha se clavó en el vientre de la joven, y dos o tres más pasaron muy cerca de él.
- ¡¡¡Nooo!!! – chilló impotente mientras Neisha caía de espaldas.
Otra flecha le rozó el hombro a Narok. “¡Mierda! No puedo quedarme aquí”. Rápidamente, y sin perder ni un segundo, intentó abrir las puertas de las casas cercanas. “¡Joder! ¡Están todas cerradas! Este es el fin…”.
- Lo siento Neisha… - dijo desplomándose a su lado
- Narok… - la voz de Neisha era ya muy débil – Narok… No te rindas… Tú aún puedes vivir…
- No hay salida. Y por mi culpa Zálame ha muerto… y tú…
- No hay tiempo para lamentaciones. Lo hecho hecho está.
Las flechas sobrevolaban sus cabezas. Era cuestión de tiempo que una acertara en el blanco.
- ¡¡Maldigo a esos malditos bastardos!! ¡¡Aaah!! – gritó desesperado
- Narok… Algo más oscuro se cierne sobre nosotros… - la voz de la joven se desvanecía por momentos.
- ¿Algo más oscuro?
- ¿Por qué os atacaría vuestra ciudad aliada de repente sin ningún motivo? – Narok no terminaba de entender porque le decía aquello. Hay muchas razones por las que podrían haberlo hecho.
- ¿”Vuestra” ciudad aliada? ¿Acaso no eres de Sambra? ¿Quién eres?
Neisha tosió sangre.
- ¿¡Quién eres!? – insistió
La joven, con un gran esfuerzo y toda dolorida, sacó del interior de sus ropajes una pequeña bolsita que parecía sorprendentemente pesada para su tamaño.
- ¿De dónde eres? ¿Qué hacíais aquí? ¿Qué buscabais tú y Zálame?
- ¿Buscar? – Neisha tosió una vez más – Narok… toma esto y no permitas que nadie más lo tenga…
- Pero…
- ¿¡Lo has entendido!? – La sangre brotó de nuevo desde sus entrañas - ¡Tienes que vivir! ¡Salva tu vida! ¡Protege este objeto! ¡Hazlo!
En ese preciso instante, una flecha alcanzó a Narok, clavándose profundamente en la parte alta de su pierna derecha. Soltó un grito de dolor. Los beltronianos estaban cada vez más cerca. “¡Tengo que moverme!”. Guardó la bolsita y se levantó como pudo. Frente a él había un trozo de madera con el que podría cubrirse gran parte del cuerpo. ¿Cómo no lo había visto antes? Resistiendo el fuerte dolor en su pecho y en su pierna, consiguió llegar a la madera alzándola por encima de su cabeza; tan sólo las piernas quedaban al descubierto. Al instante, una flecha alcanzó la madera, y otras dos pasaron de largo. “¡Uff! ¡Por los pelos!”, pensó.
Comenzó a andar protegido con la madera hacia el final de la calle. Las flechas cesaron y escuchó cómo los beltronianos corrían hacía él. “No me va a dar tiempo. Son más rápidos que yo”. Con la pierna herida no podía ir muy rápido, y lo que fuera que estuviera en la bolsita pesaba bastante. Era imposible salir vivo sin combatir. “Pero no tengo ningún arma, y aunque la tuviera no sabría usarla. Seguramente volvería a quedarme paralizado…”, se lamentó.
En un intento de aligerar la marcha su pierna derecha le falló y cayó de bruces contra el suelo quedando completamente desprotegido. Era el fin. De repente, otra explosión sonó a sus espaldas. Sorprendido se giró con torpeza y observó cómo un pequeño cráter había aparecido donde hasta hace unos instantes se encontraba Neisha. Las paredes de las casas colindantes estaban hechas añicos y el fuego y el humo se alzaban incesantes. No había ni rastro de los beltronianos.
Se había librado de aquella amenaza, pero no estaba a salvo todavía. Tenía que salir de allí lo antes posible. ¿Pero cómo? ¿Y qué sería lo que había en la bolsita que le dio Neisha? Debía de ser muy importante. Rápidamente sacó la bolsita y la abrió. Lo que apareció ante sus ojos no hizo sino incrementar más las dudas que rondaban su cabeza. “¿Por qué iba ella a darme esto?”. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. No sabía muy bien por qué, pero tenía un mal presentimiento.
05 julio 2013
Un camino junto a ti
- ¡Qué cansancio! ¡¿Cuánto tiempo llevamos caminando?!
* No lo sé… La verdad que desde que nos encontramos en este camino no nos hemos separado…
- Sí.
* …
- Por cierto, ¿recuerdas la pieza de puzle que me diste?
* Sí ¿por?
- Aún la conservo. Encaja perfectamente.
* Ya, ya. Lo sé. La tuya también encaja en mi puzle.
- Puede que por eso sigamos juntos.
* Claro, ¿a qué viene esto? Hace tiempo que sabemos que encajan perfectamente.
- Lo sé…
* ¿Entonces?
- No sé… Estaba recordando aquél día que nos conocimos y quería agradecerte todo lo que has hecho por mí. Me liberaste de mis miedos y mis ataduras y desde entonces… soy mucho más feliz. ¡¡Gracias de corazón!!
* …
- Cuando me diste aquella pieza de tu puzle era un poco escéptico, y ahora todavía me sorprende un poco que siga encajando. Me siento muy afortunado de haberme cruzado contigo. Gracias…
* ¡Gracias a ti! ¡Tonto!
- … ¡Vale! Jajajaja … y a todo esto, ¿cuánto hace de eso ya?
* Lo cierto es que de eso hace ya mucho tiempo… ¡Quizás años!
- ¿Tanto?
* Sí. De hecho… a ver… mmmm… deja que busque un momento el… ¡ajá! ¡Aquí está!
- ¿El qué?
* Mi cuaderno de notas. Apunté el día que nos conocimos.
- ¡Ohh! ¡Me siento halagado!
* Si no me fallan las cálculos, teniendo en cuenta el día que es hoy… mmmm… llevamos caminando juntos en este sendero durante… ¡¡tres años y dos meses!!
- ¡Guauh! Eso es mucho.
* Pues sí, se me ha pasado volando
- Eso es que no te has aburrido mucho conmigo
* Jajaja ¡Qué más quisieras!
- ¡¡Vamos!! Sabes que es verdad. ¿Sino por qué no has tomado otro camino ya? Has tenido oportunidad…
* Lo sé… ¿Y tú?
- ¿Yo?
* Sí. ¿Y tú por qué no has cambiado de sendero?
- Pues… Porque este sendero me gusta…
* …
- … me gusta desde que estás tú…
* ¿Yo?
- ¡Sí! … contigo no se me hace interminable. Contigo puedo creer que este camino me lleva a alguna parte. Contigo esto tiene sentido…
* …
- … ¡Contigo desearía que el camino no tuviera fin!
* … vaya… no sé qué decir…
- No digas nada. Tan sólo… no cambies de sendero y te prometo… que te haré feliz el resto del camino.
* …
* No lo sé… La verdad que desde que nos encontramos en este camino no nos hemos separado…
- Sí.
* …
- Por cierto, ¿recuerdas la pieza de puzle que me diste?
* Sí ¿por?
- Aún la conservo. Encaja perfectamente.
* Ya, ya. Lo sé. La tuya también encaja en mi puzle.
- Puede que por eso sigamos juntos.
* Claro, ¿a qué viene esto? Hace tiempo que sabemos que encajan perfectamente.
- Lo sé…
* ¿Entonces?
- No sé… Estaba recordando aquél día que nos conocimos y quería agradecerte todo lo que has hecho por mí. Me liberaste de mis miedos y mis ataduras y desde entonces… soy mucho más feliz. ¡¡Gracias de corazón!!
* …
- Cuando me diste aquella pieza de tu puzle era un poco escéptico, y ahora todavía me sorprende un poco que siga encajando. Me siento muy afortunado de haberme cruzado contigo. Gracias…
* ¡Gracias a ti! ¡Tonto!
- … ¡Vale! Jajajaja … y a todo esto, ¿cuánto hace de eso ya?
* Lo cierto es que de eso hace ya mucho tiempo… ¡Quizás años!
- ¿Tanto?
* Sí. De hecho… a ver… mmmm… deja que busque un momento el… ¡ajá! ¡Aquí está!
- ¿El qué?
* Mi cuaderno de notas. Apunté el día que nos conocimos.
- ¡Ohh! ¡Me siento halagado!
* Si no me fallan las cálculos, teniendo en cuenta el día que es hoy… mmmm… llevamos caminando juntos en este sendero durante… ¡¡tres años y dos meses!!
- ¡Guauh! Eso es mucho.
* Pues sí, se me ha pasado volando
- Eso es que no te has aburrido mucho conmigo
* Jajaja ¡Qué más quisieras!
- ¡¡Vamos!! Sabes que es verdad. ¿Sino por qué no has tomado otro camino ya? Has tenido oportunidad…
* Lo sé… ¿Y tú?
- ¿Yo?
* Sí. ¿Y tú por qué no has cambiado de sendero?
- Pues… Porque este sendero me gusta…
* …
- … me gusta desde que estás tú…
* ¿Yo?
- ¡Sí! … contigo no se me hace interminable. Contigo puedo creer que este camino me lleva a alguna parte. Contigo esto tiene sentido…
* …
- … ¡Contigo desearía que el camino no tuviera fin!
* … vaya… no sé qué decir…
- No digas nada. Tan sólo… no cambies de sendero y te prometo… que te haré feliz el resto del camino.
* …
- ...
* ¡¡Eso haré!!
* ¡¡Eso haré!!
10 junio 2011
El diamante de Forgoth
Capítulo 2. Supervivientes
Decepción... Decepción era todo cuanto Narok sentía dentro de sí. No podía quitarse de la cabeza cómo esos sucios beltronianos se llevaban a su hermana mientras él se quedaba mirando sin hacer nada. No fue capaz de plantar cara y dar su vida por salvarla. Fue un cobarde. Y a cambio recibió un flechazo en el pecho de uno de ellos. "¡Ni siquiera me hirieron intentando ayudar a Dana! ¡Soy un maldito cobarde!" pensó. "Todo cuanto soy es un cobarde...".
Narok estaba destrozado. Deseaba la venganza, pero comenzó a dudar de si sería capaz de enfrentarse, no al ejército entero de Béltrond, sino a tan solo uno de sus guerreros. "¡Como te acerques la matamos!" La voz ronca de aquel asqueroso no paraba de sonar en su cabeza. "Y yo obedecí..." pensó decepcionado. El dolor que la flecha le causó en el pecho no era nada comparado con el fuerte dolor que sentía en su corazón y en su orgullo. "¿Qué puedo hacer?" se preguntaba. "¿Hundirme y darlo todo por perdido? Casi que preferiría estar muerto antes que sentir este dolor"
- Zálame, parece que la fiebre se le está pasando.
"¿Y esa voz femenina? ¿¡Dana!?" Narok despertó de repente sobresaltado y miró a su lado.
-¡¡Dana!! ¡Estás viva! - La felicidad que sentía era indescriptible. La abrazó fuertemente y comenzó a llorar de alegría.
- ¿Dana? ¿Quién es Dana?
- Pues tú, ¿quién va a ser sino... ?
Narok levantó la vista y observó con mayor claridad la cara de aquella mujer. No era su hermana. La soltó y se incorporó.
- ¡Tú no eres Dana! - Todo su entusiasmo se partió en pedazos. La desesperación y la confusión del desmayo le habían hecho creer algo que no era real.
- No. No soy Dana. Pero dime, ¿quién es?
Narok se quedó callado con la mirada perdida.
- Está confundido y conmocionado. Démosle un poco de tiempo. - dijo una voz grave y masculina.
En ese momento, Narok comenzó a darse cuenta de que no estaba en la calle desplomado sobre el suelo, sino que se encontraba echado sobre la cama de una habitación. Junto a él había una mujer joven de pelo oscuro y al otro lado del cuarto, un hombre mayor concentrado moliendo lo que parecían ser unas hierbas en un pequeño cuenco. Tenía el pelo castaño y una abundante barba un poco desaliñada.
- ¿Dónde estoy?
- A salvo. Dinos, ¿Cómo te llamas? - le preguntó la joven
- ¿A salvo dónde? ¿Qué ha pasado? Lo último que recuerdo es haberme desplomado en la calle.
- Sí. Estabas mal herido y Zálame y yo te encontramos y te trajimos aquí. Te hemos sacado la flecha y te hemos curado la herida.
- Entonces... ¿sois supervivientes?
- Sí.
- ¿Hay más como vosotros?
- Pues no lo sabem...
- Creo que lo mínimo que debería hacer es darnos las gracias por salvarle la vida - interrumpió el hombre cogiendo el cuenco y acercándose a Narok - ¿no cree?
- Mis disculpas. Es sólo que... me arrebataron a mi hermana pequeña y quería saber si conocían a más supervivientes... No quiero perder la esperanza. A lo mejor consiguió salvarse y está a salvo en alguna parte.
- Tu hermana es esa tal Dana, ¿verdad? - preguntó la mujer
- En efecto.
- Pues siento mucho decirle que no tengo constancia de que haya más supervivientes. Las calles están impregnadas de sangre y muerte. Fue una auténtica masacre. - dijo el hombre con dureza.
- ¿Cómo te llamas? - insistió la joven
- Narok.
- Yo soy Neisha y él es Zálame
- Encantado. Y gracias por curarme las heridas.
- Es lo menos que podíamos hacer. Ahora túmbese, por favor. - Narok se echó sobre la cama y Zálame tomó el cuenco y le aplicó en la herida la solución que había preparado.
- ¿Entonces cree que habrá sobrevivido?
Zálame no prestó atención a la pregunta y se dedicó a curarle la herida.
- Por favor, dígame. ¿Cree que habrá sobreviv...? - las palabras de Narok se vieron interrumpidas ante el intenso dolor que le causó el ungüento que el hombre le estaba aplicando. A continuación le puso unas vendas y le dio su ropa para que se vistiera.
- Vamos, vístase. No hay tiempo que perder.
- ¿Nos vamos?
- Sí - contestó Neisha - Tenemos que encontrar la manera de escapar. Los beltronianos continúan buscando supervivientes por la ciudad.
- ¿Pero qué les pasa? ¿Por qué quieren aniquilar a todos los sambrianos? ¿No se supone que Sambra y Béltrond son ciudades aliadas?
- Al parecer tal alianza ya no existe - dijo Zálame - Y lo peor es que no se trata de una invasión, sino más bien de una masacre. Quizás una venganza.
- ¿Y por qué iban a querer vengarse?
- Existen rumores. – indicó Neisha
- ¿Qué rumores?
De repente, se oyó un portazo.
- ¡Salid mal nacidos! - gritó una voz masculina - ¡Sé que estáis ahí!
Narok estaba destrozado. Deseaba la venganza, pero comenzó a dudar de si sería capaz de enfrentarse, no al ejército entero de Béltrond, sino a tan solo uno de sus guerreros. "¡Como te acerques la matamos!" La voz ronca de aquel asqueroso no paraba de sonar en su cabeza. "Y yo obedecí..." pensó decepcionado. El dolor que la flecha le causó en el pecho no era nada comparado con el fuerte dolor que sentía en su corazón y en su orgullo. "¿Qué puedo hacer?" se preguntaba. "¿Hundirme y darlo todo por perdido? Casi que preferiría estar muerto antes que sentir este dolor"
- Zálame, parece que la fiebre se le está pasando.
"¿Y esa voz femenina? ¿¡Dana!?" Narok despertó de repente sobresaltado y miró a su lado.
-¡¡Dana!! ¡Estás viva! - La felicidad que sentía era indescriptible. La abrazó fuertemente y comenzó a llorar de alegría.
- ¿Dana? ¿Quién es Dana?
- Pues tú, ¿quién va a ser sino... ?
Narok levantó la vista y observó con mayor claridad la cara de aquella mujer. No era su hermana. La soltó y se incorporó.
- ¡Tú no eres Dana! - Todo su entusiasmo se partió en pedazos. La desesperación y la confusión del desmayo le habían hecho creer algo que no era real.
- No. No soy Dana. Pero dime, ¿quién es?
Narok se quedó callado con la mirada perdida.
- Está confundido y conmocionado. Démosle un poco de tiempo. - dijo una voz grave y masculina.
En ese momento, Narok comenzó a darse cuenta de que no estaba en la calle desplomado sobre el suelo, sino que se encontraba echado sobre la cama de una habitación. Junto a él había una mujer joven de pelo oscuro y al otro lado del cuarto, un hombre mayor concentrado moliendo lo que parecían ser unas hierbas en un pequeño cuenco. Tenía el pelo castaño y una abundante barba un poco desaliñada.
- ¿Dónde estoy?
- A salvo. Dinos, ¿Cómo te llamas? - le preguntó la joven
- ¿A salvo dónde? ¿Qué ha pasado? Lo último que recuerdo es haberme desplomado en la calle.
- Sí. Estabas mal herido y Zálame y yo te encontramos y te trajimos aquí. Te hemos sacado la flecha y te hemos curado la herida.
- Entonces... ¿sois supervivientes?
- Sí.
- ¿Hay más como vosotros?
- Pues no lo sabem...
- Creo que lo mínimo que debería hacer es darnos las gracias por salvarle la vida - interrumpió el hombre cogiendo el cuenco y acercándose a Narok - ¿no cree?
- Mis disculpas. Es sólo que... me arrebataron a mi hermana pequeña y quería saber si conocían a más supervivientes... No quiero perder la esperanza. A lo mejor consiguió salvarse y está a salvo en alguna parte.
- Tu hermana es esa tal Dana, ¿verdad? - preguntó la mujer
- En efecto.
- Pues siento mucho decirle que no tengo constancia de que haya más supervivientes. Las calles están impregnadas de sangre y muerte. Fue una auténtica masacre. - dijo el hombre con dureza.
- ¿Cómo te llamas? - insistió la joven
- Narok.
- Yo soy Neisha y él es Zálame
- Encantado. Y gracias por curarme las heridas.
- Es lo menos que podíamos hacer. Ahora túmbese, por favor. - Narok se echó sobre la cama y Zálame tomó el cuenco y le aplicó en la herida la solución que había preparado.
- ¿Entonces cree que habrá sobrevivido?
Zálame no prestó atención a la pregunta y se dedicó a curarle la herida.
- Por favor, dígame. ¿Cree que habrá sobreviv...? - las palabras de Narok se vieron interrumpidas ante el intenso dolor que le causó el ungüento que el hombre le estaba aplicando. A continuación le puso unas vendas y le dio su ropa para que se vistiera.
- Vamos, vístase. No hay tiempo que perder.
- ¿Nos vamos?
- Sí - contestó Neisha - Tenemos que encontrar la manera de escapar. Los beltronianos continúan buscando supervivientes por la ciudad.
- ¿Pero qué les pasa? ¿Por qué quieren aniquilar a todos los sambrianos? ¿No se supone que Sambra y Béltrond son ciudades aliadas?
- Al parecer tal alianza ya no existe - dijo Zálame - Y lo peor es que no se trata de una invasión, sino más bien de una masacre. Quizás una venganza.
- ¿Y por qué iban a querer vengarse?
- Existen rumores. – indicó Neisha
- ¿Qué rumores?
De repente, se oyó un portazo.
- ¡Salid mal nacidos! - gritó una voz masculina - ¡Sé que estáis ahí!
15 febrero 2011
Salvación
Anduve mucho tiempo desorientado.
Equivocándome de camino una y otra vez.
Hasta que al final me decidí por uno,
del que me prometí no retroceder.
Porque allí apareciste y me diste lo que me hacía falta:
la pieza de tu puzle que me completaba.
Liberándome de las arenas del camino
que tan fuertemente me apresaban.
Y por cada paso que daba,
mis miedos comenzaban a desaparecer.
Conforme iba avanzando,
mi ilusión no paraba de crecer.
Necesitaba saber cómo eras.
Tenía que conocer a la dueña de la pieza.
La que renovó mi fe en el amor.
La que me abrió de nuevo las puertas.
Pero el sendero se hizo cada vez más peligroso.
Trampas y acantilados comenzaron a aparecer.
Mis miedos volvieron a presentarse ante mí.
Poniendo a prueba mi coraje y mi fe.
Y a pesar de todo, conseguí salir adelante.
Con mucho esfuerzo dejé de lado todo mis temores,
y le presté más atención a mis metas y deseos,
que tantas veces se vieron saboteados por mis errores.
Errores que pesaban fuertemente sobre mi conciencia.
Momentos de mi vida que me gustaría cambiar
que resquebrajaron con violencia mi corazón
haciéndolo sangrar y sangrar sin parar.
Y es entonces cuando, recordando todo eso,
caí de rodillas sobre la arena del camino.
Y viendo como mis lágrimas la humedecían
recordé lo mucho que seguía sintiéndome herido.
Gotas de lluvia acompañaron mis lágrimas,
mojando mi cuerpo y alimentando mis ganas de gritar
Después de tanta lucha y tanto progreso
¿cómo podía seguir sintiéndome tan mal?
Había encontrado el camino que durante tanto tiempo había estado buscando.
Hallé la pieza que por fin encajaba y completaba mi vida.
Y perdí los miedos que tantas veces me habían frenado.
¿Por qué tenían que seguir ahí esas malditas heridas?
¿Por qué esa lluvia de malos momentos continuaba azotándome?
¿Cómo podía deshacerme de esa sesanción de infelicidad?
¿De dónde podía sacar las fuerzas para levantarme del suelo?
¿Y ganar esa confianza que me hiciera valorarme más?
Lo intenté durante mucho tiempo...
Y nunca logré hacerlo completamente.
Quizás debía hacerme a la idea de ello
De convivir con esa sensación eternamente.
Pero de repente, dejé de sentir las gotas sobre mi espalda.
Levanté la vista, y vi un paraguas rojo sobre mi cabeza.
Me incorporé y me giré apresuradamente.
Y al instante desapareció toda mi tristeza.
Porque allí estabas tú, interponiéndote entre la lluvia y mi cuerpo.
Salvándome de mis malos pensamientos.
Haciéndome volver a tener confianza,
y olvidar todos los malos recuerdos.
Has hecho que me sienta bien conmigo mismo.
Y has curado las heridas que aún sangraban en mi interior.
Estoy tremendamente agradecido por ello,
y por eso te entrego... por completo... mi corazón.
Equivocándome de camino una y otra vez.
Hasta que al final me decidí por uno,
del que me prometí no retroceder.
Porque allí apareciste y me diste lo que me hacía falta:
la pieza de tu puzle que me completaba.
Liberándome de las arenas del camino
que tan fuertemente me apresaban.
Y por cada paso que daba,
mis miedos comenzaban a desaparecer.
Conforme iba avanzando,
mi ilusión no paraba de crecer.
Necesitaba saber cómo eras.
Tenía que conocer a la dueña de la pieza.
La que renovó mi fe en el amor.
La que me abrió de nuevo las puertas.
Pero el sendero se hizo cada vez más peligroso.
Trampas y acantilados comenzaron a aparecer.
Mis miedos volvieron a presentarse ante mí.
Poniendo a prueba mi coraje y mi fe.
Y a pesar de todo, conseguí salir adelante.
Con mucho esfuerzo dejé de lado todo mis temores,
y le presté más atención a mis metas y deseos,
que tantas veces se vieron saboteados por mis errores.
Errores que pesaban fuertemente sobre mi conciencia.
Momentos de mi vida que me gustaría cambiar
que resquebrajaron con violencia mi corazón
haciéndolo sangrar y sangrar sin parar.
Y es entonces cuando, recordando todo eso,
caí de rodillas sobre la arena del camino.
Y viendo como mis lágrimas la humedecían
recordé lo mucho que seguía sintiéndome herido.
Gotas de lluvia acompañaron mis lágrimas,
mojando mi cuerpo y alimentando mis ganas de gritar
Después de tanta lucha y tanto progreso
¿cómo podía seguir sintiéndome tan mal?
Había encontrado el camino que durante tanto tiempo había estado buscando.
Hallé la pieza que por fin encajaba y completaba mi vida.
Y perdí los miedos que tantas veces me habían frenado.
¿Por qué tenían que seguir ahí esas malditas heridas?
¿Por qué esa lluvia de malos momentos continuaba azotándome?
¿Cómo podía deshacerme de esa sesanción de infelicidad?
¿De dónde podía sacar las fuerzas para levantarme del suelo?
¿Y ganar esa confianza que me hiciera valorarme más?
Lo intenté durante mucho tiempo...
Y nunca logré hacerlo completamente.
Quizás debía hacerme a la idea de ello
De convivir con esa sensación eternamente.
Pero de repente, dejé de sentir las gotas sobre mi espalda.
Levanté la vista, y vi un paraguas rojo sobre mi cabeza.
Me incorporé y me giré apresuradamente.
Y al instante desapareció toda mi tristeza.
Porque allí estabas tú, interponiéndote entre la lluvia y mi cuerpo.
Salvándome de mis malos pensamientos.
Haciéndome volver a tener confianza,
y olvidar todos los malos recuerdos.
Has hecho que me sienta bien conmigo mismo.
Y has curado las heridas que aún sangraban en mi interior.
Estoy tremendamente agradecido por ello,
y por eso te entrego... por completo... mi corazón.
14 noviembre 2010
¡¡Vete!!
- Hola de nuevo...
* Muy buenas.
- ¿Qué haces aquí?
* Vengo a prevenirte.
- ...
* ...
- Pues no quiero que estés aquí... ¡Vete!
* Sabes que no puedo hacerlo.
- ...
* Lo hago por ti.
- ¿Por mí?
* Sí. Por ti.
- ¡Por favor! ¡No me hagas reír! Yo no te quiero aquí y tú lo sabes muy bien.
* Ya sé que no te gusta mi compañía.
- ¿Entonces?
* ...
- ¿Por qué vienes?
* Porque es bueno recordarte los peligros a los que estás sometido.
- ¿Peligros? ¿Qué peligros?
* Los que te acechan todos los días.
- ...
* Eres demasiado bueno. Piensas que todo es bonito. Que todo es perfecto.
- ...
* Pues hazte a la idea de que eso no es así. ¡Al final algo saldrá mal!
- ¡No!
* ¡Sí!
- ¡¡¡No!!!
* ¡¡¡Sí!!!
- ¡¡¡¡He dicho que no!!!! ¡Ya está bien! ¡¡¡Vete!!!
* ¡¡No!! ¡No me voy a ir! ¡Tengo que abrirte los ojos!
- ¿Pero qué me estás contando?
* Como lo oyes. Terminarán pasando. Todos tus temores se harán realidad.
- ...
* ...
- ¿Sabes qué?
* ¿Qué?
- No te tengo miedo.
* ¿Cómo no vas a tenerme miedo?
- Como lo oyes.
* No puedes no temerme. Yo soy tus miedos. Soy quien te recuerda cada día lo que podría pasarte. Soy quien te frena antes de cometer un error.
- No.
* ...
- Tú no eres real. Eres imaginación.
* ...
- Y sí que me has frenado muchas veces, pero ya se ha acabado. Me he perdido muchas cosas por tu culpa. Me has hecho ser peor persona.
* Te he hecho ser precavido y cauteloso.
- No. Por tu culpa no disfruto. Por tu culpa me invento problemas donde no los hay. Por tu culpa desconfío. Por tu culpa no soy feliz...
* ...
- Me haces daño y no puedo seguir así. Te quiero lejos, muy lejos de aquí.
* Pero...
- Quiero continuar mi viaje sin tu compañía. Contigo el camino se me hace interminable.
* Sin mí no serás capaz de ver las trampas que te depararán a lo largo del sendero.
- No me importa.
* ...
- Caeré en esas trampas si hace falta, y saldré de ellas luego más fuerte. Más seguro de mí mismo. Con más confianza.
* ...
- Y así, a medida que avance en mi trayecto, seré más sabio y seré capaz de esquivar las trampas. De esta manera, disfrutaré más de mi viaje.
*...
- ...
* ...
- En cambio, si me dejo llevar por tus palabras, nunca alcanzaré los conocimientos suficientes para no caer en ellas. Seré un bobo, viendo peligros en todas partes. Viendo trampas donde no las hay.
* Así no te harías daño. No tendrías por que pasar por la mala experiencia de verte atrapado en una.
- Pero no avanzaría. Nunca llegaría al final del camino. Nunca alcanzaría mis sueños.
*...
- Por favor, vete.
* ...
- ...
* Está bien... Tú sabrás lo que haces...
- Gracias.
* ...
- ...
* Adiós
- Adiós
* Muy buenas.
- ¿Qué haces aquí?
* Vengo a prevenirte.
- ...
* ...
- Pues no quiero que estés aquí... ¡Vete!
* Sabes que no puedo hacerlo.
- ...
* Lo hago por ti.
- ¿Por mí?
* Sí. Por ti.
- ¡Por favor! ¡No me hagas reír! Yo no te quiero aquí y tú lo sabes muy bien.
* Ya sé que no te gusta mi compañía.
- ¿Entonces?
* ...
- ¿Por qué vienes?
* Porque es bueno recordarte los peligros a los que estás sometido.
- ¿Peligros? ¿Qué peligros?
* Los que te acechan todos los días.
- ...
* Eres demasiado bueno. Piensas que todo es bonito. Que todo es perfecto.
- ...
* Pues hazte a la idea de que eso no es así. ¡Al final algo saldrá mal!
- ¡No!
* ¡Sí!
- ¡¡¡No!!!
* ¡¡¡Sí!!!
- ¡¡¡¡He dicho que no!!!! ¡Ya está bien! ¡¡¡Vete!!!
* ¡¡No!! ¡No me voy a ir! ¡Tengo que abrirte los ojos!
- ¿Pero qué me estás contando?
* Como lo oyes. Terminarán pasando. Todos tus temores se harán realidad.
- ...
* ...
- ¿Sabes qué?
* ¿Qué?
- No te tengo miedo.
* ¿Cómo no vas a tenerme miedo?
- Como lo oyes.
* No puedes no temerme. Yo soy tus miedos. Soy quien te recuerda cada día lo que podría pasarte. Soy quien te frena antes de cometer un error.
- No.
* ...
- Tú no eres real. Eres imaginación.
* ...
- Y sí que me has frenado muchas veces, pero ya se ha acabado. Me he perdido muchas cosas por tu culpa. Me has hecho ser peor persona.
* Te he hecho ser precavido y cauteloso.
- No. Por tu culpa no disfruto. Por tu culpa me invento problemas donde no los hay. Por tu culpa desconfío. Por tu culpa no soy feliz...
* ...
- Me haces daño y no puedo seguir así. Te quiero lejos, muy lejos de aquí.
* Pero...
- Quiero continuar mi viaje sin tu compañía. Contigo el camino se me hace interminable.
* Sin mí no serás capaz de ver las trampas que te depararán a lo largo del sendero.
- No me importa.
* ...
- Caeré en esas trampas si hace falta, y saldré de ellas luego más fuerte. Más seguro de mí mismo. Con más confianza.
* ...
- Y así, a medida que avance en mi trayecto, seré más sabio y seré capaz de esquivar las trampas. De esta manera, disfrutaré más de mi viaje.
*...
- ...
* ...
- En cambio, si me dejo llevar por tus palabras, nunca alcanzaré los conocimientos suficientes para no caer en ellas. Seré un bobo, viendo peligros en todas partes. Viendo trampas donde no las hay.
* Así no te harías daño. No tendrías por que pasar por la mala experiencia de verte atrapado en una.
- Pero no avanzaría. Nunca llegaría al final del camino. Nunca alcanzaría mis sueños.
*...
- Por favor, vete.
* ...
- ...
* Está bien... Tú sabrás lo que haces...
- Gracias.
* ...
- ...
* Adiós
- Adiós
06 octubre 2010
El diamante de Forgoth
Capítulo 1. Sumido a cenizas
Llovía sobre la gran ciudad de Sambra. Las calles estaban impregnadas de un inquietante silencio que tan sólo era roto por el sonido de la incesante lluvia y de algunos llantos descontrolados. Parecía como si el cielo fuera el reflejo de la catástrofe a la que acababa de asistir aquella ciudad. Las nubes conquistaban las alturas así como Sambra había sido invadida por el ejército del reino vecino. Las gotas que caían sobre la ciudad en ruinas simbolizaban las lágrimas que los supervivientes derramaban por la pérdida de sus casas y sus seres queridos.
Había sido una auténtica masacre. La piedad no existía en los corazones de los guerreros de Béltrond. El joven Narok no podía borrar de su mente la sangre derramada por todos sus camaradas, los gritos agónicos de dolor, la desesperación y la impotencia que sentía ante tal traición… Recordaba una y otra vez como le arrebataban a su pequeña hermana Dana de entre sus manos. Y no iba a olvidar jamás las caras de aquellos cerdos beltronianos que se la llevaron con miradas lujuriosas. Se le rompía el alma cada vez que imaginaba qué cosas estarían haciéndole. Y por cada una de las veces que pensaba en aquello, más odio alimentaba en su interior. Más y más grande se hacía su sed de venganza. Prefería mil veces ver a su hermana muerta antes que en manos de aquellos traidores. Era horrible…
El dolor que sentía en su pecho aumentaba por momentos, tanto por dentro como por fuera. La flecha que tenía clavada en su pectoral derecho comenzaba a hacer estragos, y no sabía si sería mejor quitársela o dejársela puesta para no desangrarse. Pero de lo que estaba totalmente seguro es de que como se quedara allí tirado sobre el suelo de su casa, no saldría vivo de ésta.
Con un tremendo esfuerzo, conteniendo como podía el dolor que sentía, fue capaz de levantarse. Dando tumbos consiguió quedarse de pie apoyándose con las manos sobre una mesa. Tragó saliva, cogió aire, y comenzó a andar torpemente hasta la puerta principal. La abrió y asomó la cabeza. Su pelo castaño quedó enseguida empapado por la lluvia. Dió un par de pasos y abandonó por completo su hogar.
Rescatando fuerzas de donde pensaba que ya no le quedaban, se puso a andar por la calle sin saber a dónde iba. Estaba mareado y confuso. La ropa mojada empezaba ya a pesarle demasiado, y el frío que sentía se hacía cada vez más intenso dificultando sus movimientos.
Finalmente cayó desolado sobre la acera rompiendo la flecha por la mitad. Todo invadido por la desesperación y el dolor de su herida, comenzó a gritar y llorar descontroladamente. Toda su vida se vio sumida a cenizas en una sola noche. Todo se había derrumbado… Las lágrimas se perdían entre las gotas de lluvia, así como su hermana había desaparecido de su vida. Cerró los ojos, y visualizó a aquellos mal nacidos. Tenía que sobrevivir para poder llevar a cabo su venganza. Era todo cuando le movía. Era lo que le mantenía todavía con vida. Pero… pero el dolor era más profundo por momentos. El mareo era insostenible y la vista se le empezó a nublar. Era el fin… “Adiós Dana… lo siento…”
- ¡Eh! ¿Está usted bien? – dijo una voz femenina con tono alarmante
Narok alzó la vista desde el suelo pero no distinguió más que una silueta.
- Dana, ¿eres tú?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)