15 febrero 2014

El diamante de Forgoth

Capítulo 3. La huida

De nuevo… Otra vez la misma sensación. El cuerpo de Narok estaba paralizado. Su voz interior le gritaba “¡Corre!”, pero sus piernas no obedecían. El miedo se apoderó de su voluntad. “¡No puede ser! ¿¡Por qué!?”, pensó. “¿Pero qué me pasa? ¡Ya he perdido a mi hermana por mi cobardía! ¡Muévete! ¡Salva tu vida!”. 

- ¡¡Narok!! ¡Muévete! - la voz de Neisha parecía lejana a pesar de estar justo frente a sus ojos alterada, gritando y con la mirada impregnada de pánico y terror. “¿Será todo esto una horrible pesadilla?”, meditó. “¿¡Estaré muerto!? ¿Es esto el infierno?”. En un solo instante la mente de Narok repasó toda su vida, desde que era un niño, jugando en los pastos persiguiendo a las ovejas del rebaño de su padre, hasta el angustioso momento en la que Dana le fue arrebatada.

De repente, un fuerte golpe en su mejilla izquierda le hizo despertar. Podía sentir los dedos de la mano de Neisha marcados en su cara. Al fondo de la habitación, desde la puerta, un par de hombres con armaduras plateadas, vestimentas verdes características de Béltrond, y espadas ensangrentadas los miraban con fiereza, como si fueran animales a los que dar caza. 

Zálame se adelantó con seguridad y abriendo los brazos en cruz desafió a aquellos beltronianos - No den ni un paso más.
- ¿Y por qué íbamos a hacerte caso, abuelete? - se mofaron.
- ¡Ustedes dos! ¡Corran!

Narok miró rápidamente a su alrededor buscando desesperadamente una salida. 

- ¡Rápido! ¡Por aquí! – gritó Neisha abriendo la ventana que quedaba justo a su derecha.

Soportando como pudo el dolor en su pecho se apresuró a salir. Afuera, una larga calle se extendía aambos lados. La lluvia había cesado, pero la calzada todavía permanecía mojada y teñida de rojo, impregnada de muerte y dolor. Los cadáveres se amontonaban en todas direcciones. Aquello había sido una auténtica carnicería.

- ¿Y ahora a dónde vamos? – exclamó nervioso Narok
- ¡En esa dirección! – señaló Neisha apuntando con el dedo hacia el fondo de la calle.

Parecía que aquella mujer sabía lo que hacía. "¿Quién será? Su rostro no me es familiar", pensó Narok, aunque tampoco le extrañaba demasiado, ya que Sambra era una ciudad grande y no conocía a todos sus ciudadanos. 

Recorrieron gran parte de la calle cuando repentinamente una fuerte explosión tronó a sus espaldas.
- ¡Zálame! – gritó Neisha enloquecida cayendo de rodillas al suelo. Su cara se volvió blanca y sus ojos se le salieron de sus órbitas. Aquel hombre parecía ser muy importante para ella.

En la lejanía, al fondo de la calle unas siluetas verdes aparecieron de la nada. Por un momento Neisha y Narok se quedaron paralizados sin saber qué hacer. 

- ¿¡Qué hacemos!? – exclamó Narok, pero Neisha no respondía. 

La pobre mujer quedó petrificada con los ojos fijos en la ventana por la que acababan de escapar, viendo como el humo no paraba de salir desde el interior. - ¡Neisha! – insistió agarrando su brazo y tirando de él. - ¡Tenemos que salir de aquí!

De improviso una flecha se clavó en el vientre de la joven, y dos o tres más pasaron muy cerca de él. 

- ¡¡¡Nooo!!! – chilló impotente mientras Neisha caía de espaldas.

Otra flecha le rozó el hombro a Narok. “¡Mierda! No puedo quedarme aquí”. Rápidamente, y sin perder ni un segundo, intentó abrir las puertas de las casas cercanas. “¡Joder! ¡Están todas cerradas! Este es el fin…”. 

- Lo siento Neisha… - dijo desplomándose a su lado
- Narok… - la voz de Neisha era ya muy débil – Narok… No te rindas… Tú aún puedes vivir…
- No hay salida. Y por mi culpa Zálame ha muerto… y tú…
- No hay tiempo para lamentaciones. Lo hecho hecho está.

Las flechas sobrevolaban sus cabezas. Era cuestión de tiempo que una acertara en el blanco. 

- ¡¡Maldigo a esos malditos bastardos!! ¡¡Aaah!! – gritó desesperado
- Narok… Algo más oscuro se cierne sobre nosotros… - la voz de la joven se desvanecía por momentos.
- ¿Algo más oscuro?
- ¿Por qué os atacaría vuestra ciudad aliada de repente sin ningún motivo? – Narok no terminaba de entender porque le decía aquello. Hay muchas razones por las que podrían haberlo hecho.
- ¿”Vuestra” ciudad aliada? ¿Acaso no eres de Sambra? ¿Quién eres? 
Neisha tosió sangre. 
- ¿¡Quién eres!? – insistió 

La joven, con un gran esfuerzo y toda dolorida, sacó del interior de sus ropajes una pequeña bolsita que parecía sorprendentemente pesada para su tamaño. 

- ¿De dónde eres? ¿Qué hacíais aquí? ¿Qué buscabais tú y Zálame?
- ¿Buscar? – Neisha tosió una vez más – Narok… toma esto y no permitas que nadie más lo tenga…
- Pero…
- ¿¡Lo has entendido!? – La sangre brotó de nuevo desde sus entrañas - ¡Tienes que vivir! ¡Salva tu vida! ¡Protege este objeto! ¡Hazlo!

En ese preciso instante, una flecha alcanzó a Narok, clavándose profundamente en la parte alta de su pierna derecha. Soltó un grito de dolor. Los beltronianos estaban cada vez más cerca.  “¡Tengo que moverme!”. Guardó la bolsita y se levantó como pudo. Frente a él había un trozo de madera con el que podría cubrirse gran parte del cuerpo. ¿Cómo no lo había visto antes? Resistiendo el fuerte dolor en su pecho y en su pierna, consiguió llegar a la madera alzándola por encima de su cabeza; tan sólo las piernas quedaban al descubierto. Al instante, una flecha alcanzó la madera, y otras dos pasaron de largo. “¡Uff! ¡Por los pelos!”, pensó. 

Comenzó a andar protegido con la madera hacia el final de la calle. Las flechas cesaron y escuchó cómo los beltronianos corrían hacía él. “No me va a dar tiempo. Son más rápidos que yo”. Con la pierna herida no podía ir muy rápido, y  lo que fuera que estuviera en la bolsita pesaba bastante. Era imposible salir vivo sin combatir. “Pero no tengo ningún arma, y aunque la tuviera no sabría usarla. Seguramente volvería a quedarme paralizado…”, se lamentó.

En un intento de aligerar la marcha su pierna derecha le falló y cayó de bruces contra el suelo quedando completamente desprotegido. Era el fin. De repente, otra explosión sonó a sus espaldas. Sorprendido se giró con torpeza y observó cómo un pequeño cráter había aparecido donde hasta hace unos instantes se encontraba Neisha. Las paredes de las casas colindantes estaban hechas añicos y el fuego y el humo se alzaban incesantes. No había ni rastro de los beltronianos.

Se había librado de aquella amenaza, pero no estaba a salvo todavía. Tenía que salir de allí lo antes posible. ¿Pero cómo? ¿Y qué sería lo que había en la bolsita que le dio Neisha? Debía de ser muy importante. Rápidamente sacó la bolsita y la abrió. Lo que apareció ante sus ojos no hizo sino incrementar más las dudas que rondaban su cabeza. “¿Por qué iba ella a darme esto?”. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. No sabía muy bien por qué, pero tenía un mal presentimiento.


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